México no le teme a la muerte: por qué aquí la muerte también se recuerda, se pinta y se celebra

México no le teme a la muerte: por qué aquí la muerte también se recuerda, se pinta y se celebra

Cada noviembre hacemos algo que, visto desde fuera, puede parecer extraño.

Ponemos fotografías de personas que murieron sobre una mesa. Compramos flores para ellas. Preparamos comida. Encendemos veladoras. Visitamos los panteones. En algunas comunidades incluso se trazan caminos con flores entre las casas y los cementerios.

Y luego hablamos de los muertos como si todavía estuvieran un poco cerca.

Eso es el Día de Muertos.

Pero hay un detalle que suele perderse entre las calaveras de azúcar, el cempasúchil y las fotografías de altares que circulan cada año: la tradición que hoy reconocemos como mexicana tiene una historia bastante más complicada de lo que solemos contar.

No, el Día de Muertos no nació simplemente con los mexicas

Es una de esas explicaciones que hemos repetido tantas veces que parece un dato indiscutible.

“Es una tradición prehispánica.”

No exactamente.

Las fechas del 1 y 2 de noviembre corresponden a celebraciones católicas: Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Llegaron a la Nueva España durante el siglo XVI.

Eso no significa que los pueblos mesoamericanos no tuvieran sus propias ceremonias, creencias y formas de relacionarse con los muertos. Las tenían, y eran diversas. Lo que ocurrió después fue un proceso histórico mucho más largo: las celebraciones católicas se encontraron con prácticas indígenas y, a lo largo de los siglos, las fiestas alrededor de los muertos fueron adquiriendo nuevas formas.

El propio INAH advierte contra la idea de imaginar el Día de Muertos actual como una tradición prehispánica que simplemente sobrevivió intacta hasta nuestros días.

Y aquí aparece algo interesante: la tradición mexicana no es valiosa porque haya permanecido congelada. Es valiosa porque ha cambiado y, aun así, sigue teniendo sentido.

Tampoco existe un solo Día de Muertos

Esto quizá sea menos conocido.

No todos los mexicanos ponen el mismo altar. No todas las comunidades reciben a sus muertos de la misma manera. Ni siquiera las fechas y los rituales son idénticos en todo el país.

En algunas comunidades indígenas las celebraciones se extienden desde los últimos días de octubre hasta los primeros de noviembre. Hay lugares donde el encuentro con los difuntos ocurre principalmente en el cementerio; en otros, la casa y el altar familiar tienen un papel central.

También cambian los alimentos, las flores, la música, los objetos y la manera de participar.

El INAH señala precisamente esta diversidad como una de las características fundamentales de las celebraciones indígenas dedicadas a los muertos. UNESCO, al inscribirlas en 2008 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, también las describe como prácticas de comunidades indígenas mexicanas, no como una ceremonia idéntica en todo el país.

Por eso quizá sea más correcto hablar de los Días de Muertos de México que de una única celebración nacional.

Hay algo común, sí.

Pero también hay muchas maneras de recordar.

Una ofrenda no es una lista de supermercado

“Pon siete cosas porque significan esto. Pon otras cinco porque significan aquello.”

Las redes sociales han hecho muy popular este tipo de explicación.

El problema es que convierte una tradición viva en un instructivo.

Una ofrenda puede tener flores, velas, alimentos, bebidas, fotografías y objetos personales. Pero su significado depende de la comunidad, de la familia y de la relación que existe con la persona fallecida.

En algunas comunidades indígenas mexicanas, por ejemplo, los alimentos ofrecidos son aquellos que se consideran del gusto de los difuntos. También se colocan flores, velas y otros objetos, y en determinadas celebraciones se construyen caminos que conducen desde la casa hasta el cementerio.

No hay que imaginarlo como decoración temática.

Hay una idea mucho más profunda detrás: hacerle un lugar a quien ya no está.

Y eso puede ser tan sencillo como poner una fotografía de alguien junto a una taza de café.

La memoria también tiene sabor

Aquí aparece una de las cosas más bonitas de esta tradición.

Recordamos a las personas con cosas concretas.

La comida que les gustaba.

El pan.

El café.

El mole.

Una botella.

Una receta.

Algo que utilizaban.


No porque exista una fórmula universal para construir una ofrenda, sino porque los recuerdos suelen estar pegados a los objetos cotidianos.

Uno puede olvidar una fecha y recordar perfectamente cómo alguien preparaba los frijoles.

Puede no recordar exactamente qué dijo una persona hace veinte años, pero sí recordar su manera de reírse.

La memoria funciona así.

Y el Día de Muertos le da un espacio para hacerse visible.

La muerte mexicana tampoco se quedó quieta


Otra cosa que solemos olvidar es que la imagen que hoy tenemos de la muerte también tiene historia.

Durante el siglo XIX, las calaveras y las representaciones de la muerte comenzaron a ocupar un lugar importante en la prensa y en la cultura popular. Las llamadas calaveras literarias utilizaron el tema de la muerte para satirizar a personajes y situaciones de la sociedad.

José Guadalupe Posada llevó esa mirada mucho más lejos con sus grabados de esqueletos, entre ellos la famosa figura que posteriormente sería conocida como La Catrina.

Más adelante, durante el siglo XX, artistas, escritores, cineastas e instituciones culturales contribuyeron a convertir la muerte en uno de los grandes símbolos de lo mexicano. La celebración comenzó a presentarse cada vez más como una expresión de identidad nacional.

Es decir: la imagen del Día de Muertos que hoy conocemos también fue construida históricamente.

No siempre se vio como la vemos ahora.

Entonces, ¿por qué la adornamos?

Aquí es donde la pregunta inicial cambia un poco.

Quizá México no tenga una relación “especial” con la muerte porque no le tenga miedo.

Sería demasiado simple decirlo.

Nos da miedo morir. Nos duele perder a alguien. El duelo no desaparece porque haya flores o música.

Lo interesante es otra cosa.

En México hemos desarrollado, a lo largo de generaciones y de maneras muy distintas según cada comunidad, formas de hacer visible la memoria de los muertos.

Los ponemos en fotografías.

Los nombramos.

Cocinamos lo que les gustaba.

Vamos a sus tumbas.

Contamos historias sobre ellos.

A veces lloramos.

A veces nos reímos.

Y durante unos días, la muerte deja de ser solamente una ausencia.

Se convierte en conversación.

Por eso la frase “México no le teme a la muerte. La adorna” funciona.

No porque describa literalmente a todos los mexicanos.

Porque resume una idea.

La de tomar algo que nos duele y rodearlo de símbolos de memoria, afecto y pertenencia.

Flores en lugar de silencio.

Una fotografía en lugar del olvido.

Una receta en lugar de la ausencia.

Una historia que vuelve a contarse.

Y algunas historias terminan convertidas en frases

Cuando una tradición tiene tanta historia detrás, resulta difícil mirarla solamente como una imagen bonita para una temporada.

Hay algo más ahí.

Palabras.

Recuerdos.

Contradicciones.

Formas distintas de entender la vida y la muerte.

Y eso es justamente lo que nos interesa en TaChingón: encontrar historias que ya existen, escucharlas con atención y descubrir si hay una frase capaz de concentrar todo lo que significan.

Con el Día de Muertos ocurrió eso.

La frase apareció casi sola:

México no le teme a la muerte.
La adorna.

Y terminó convertida en una pieza de la colección TaChingón del Más Allá.

No como un disfraz de temporada.

Playera negra con el diseño original en una celebración de Día de Muertos en un pueblo mágicoComo una forma de llevar puesta una idea que, después de conocer su historia, quizá significa un poco más.

Porque algunas frases no necesitan explicar quién eres.

Basta con que alguien las lea y piense:

“Sí. Eso también es México.”


1 comentario

Me quedé tan conmovida desde que comencé a leer hasta el final. Está puesto en palabras lo que como mexicanos hacemos cada año. Esos 3 días son tan importantes y tan nuestros.✨🇲🇽💚🤍❤️🇲🇽✨

Olivia •

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